15 ene. 2012

GINKGO

-Traduction sur GINKGO. (Français)-
A Jorge Ángel.
Por su generosidad 
y por ser un gran científico
al servicio de la Humanidad.


     Bajo el peso del rocío, una hoja de ginkgo se yergue perezosa y bosteza. Algunos dinosaurios dejan huellas apresuradas y restos de huesos en cualquier parte; otros, alargan el cuello hacia el follaje para hundir sus hocicos en el frescor. El mamenquisaurio saborea unas hojas palmeadas y, mientras desaparecen entre sus mandíbulas, imagina para ellas un ideograma en japonés. Un poco más lejos, un grupo de ginkgos alineados y enérgicos, aprenden a activar su escudo protector. No hay nubes y la sombra de un pterosaurio, tan pequeño como un gorrión, planea sobre la hierba. 


     Todo huele a algo que aún no tiene nombre.



     Millones de años después, la misma mañana se despliega como un abanico sobre la ciudad. En las calles hormiguean corbatas, cuencos de arroz, llaves, listas de compra, maletines, niños de la mano, taxis, promesas por cumplir, monederos llenos y vacíos..El sol brilla como un emperador y las hojas de los albaricoques plateados ríen y se entrelazan. "La dignidad debe acompañar siempre a la apariencia", las reprenden los troncos venerables. Más lejos, un grupo de ancianos acaricia el aire lentamente, con los movimientos que dibujaban en el cielo los pterosaurios.

    De repente, muy cerca de los ginkgos, un horrible estruendo se eleva desde la tierra y mancha de polvo las nubes. No ha habido tiempo de gritos, ni de manos, ni de revuelos. 


     Todo huele a cenizas.  


      En ese negro silencio, en el que apenas queda ningún nombre, una hoja se endereza, se sacude la ceniza y se revuelve en un gesto que se asemeja a la esperanza.



                          GINKGO, por Mª Pilar Álvarez Novalvos.
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