30 jun. 2012

DECÁLOGO DEL BUEN MICROCUENTISTA. Raúl Brasca




1. No te ajustes a definición alguna, la microficción no ha sido aún domesticada, pero lee mucho y bueno para vislumbrar de qué se trata.

2. Dispones solo de dos materiales: las palabras y el silencio, y debes lograr que ambos sean igualmente significativos.

3. Esfuérzate por escribir con la menor cantidad de palabras y la mayor cantidad de silencio, pero asegúrate de que tu microficción contiene las claves imprescindibles para ser comprendida. Si has logrado eso, detente: considera al lector tan inteligente como tú.

4. Cuida la calidad de tus palabras, la arquitectura y la música de tu microficción. Mucho más que la novela y el cuento, y casi tanto como el poema, la microficción alcanza su potencia por medio de la forma.

5. Cuida la calidad de tu silencio, si es elemental y falto de sustancia, tu microficción será una pieza menos que decepcionará a los buenos lectores.

6. Si has cumplido con los puntos anteriores, despreocúpate del final pero preocúpate por la última línea. El final es el sentido y lo produce el lector, pero tu última línea debe habilitarlo para que lo haga.

7. Si tu microficción contiene una historia, cuídate del resumen. Ninguna buena microficción es el esquema de una historia, ni siquiera lo esencial de ella. Un detalle objetivamente trivial pero cargado de significado por el autor, dice más y mejor que la prolija enumeración de los hechos.

8. Si tu microficción es humorística, cuídate de la simpleza del chiste. El silencio del chiste es elemental: se agota en permitir el equívoco y tiene como única finalidad esconder un sentido de efecto risible. El silencio de la microficción humorística no tiene por qué ser menos sustancioso y complejo que el de las que no lo son.

9. Confía en tu impulso creador. Todas las microficciones hijas de un mismo impulso creador, por heterogéneas que parezcan, pertenecerán a una misma familia. No dejes que te las impugnen, porque en la variedad está su riqueza.

10. Desconfía de los sabihondos que escriben decálogos. En general, los decálogos sirven solamente para publicitar la poética de quienes los escribieron.


27 jun. 2012

AGUA



       Hoy bajarás a la calle y, cuando salgas del portal, mirarás a ambos lados buscando unos ojos caritativos.

       Antes de dar el primer paso, te detendrás un segundo, suspirarás profundamente. A continuación, iniciarás el camino hacia la piscina. Es el único lugar donde sabes que puedes renacer.

      Durante los primeros metros, abrocharás mecánicamente tu abrigo y te anudarás la bufanda para que por la noche no te duela la garganta, además de la muerte de tu esposo.

       Cruzarás el paso de peatones que se encuentra frente al quiosco y te quedarás unos instantes mirando los coches. Entonces te asaltará una imagen que te recorrerá sin piedad y te registrará todos los bolsillos: solo tú quedaste viva. Envolverás esta visión en una luz dorada y la enviarás al cielo, para que se sienta allí tan a gusto que no quiera bajar nunca. Para que a ti te olvide para siempre.

       Te detendrás tras subir a la acera y volverás a llenar tus pulmones con rabia. Te cruzarás con Andrea, que estará paseando su perro, y le regalarás unas buenas tardes envueltas en una sonrisa caótica. Acelerarás el paso y te preguntarás cómo se puede soportar una carga imposible. Mirarás tu reloj. Solo faltarán treinta minutos para que cierren pero conseguirás ocultarte.

       Al apagarse las luces te acercarás al borde. Inclinarás la cabeza. Me mirarás. Y te ofrecerás a mí. 




21 jun. 2012

COMPRENDER

Publicado en el Blog "Vialista" 



Pocas cosas hay 
comparables al momento
en el que se descubre
una verdad 
que cura.

Esa milésima de segundo
en la que
una Palabra
Cae
en nuestra Consciencia
abriendo una brecha de Luz
caudalosa y larga.
Como si un dedo invisible
hubiera tocado
el punto exacto
donde cada letra puede,
al fin,
reencontrar su orden.

Gozoso instante
de reconciliación
y vuelo...






COMPRENDER, por Mª Pilar Álvarez Novalvos 
Licencia Creative Commons




19 jun. 2012

LOS CUATRO JINETES



     Unos minutos antes, los caballos se habían puesto a dar coces y a relinchar. Los cuatro debíamos estar cargados de ases porque nadie movió el trasero. Miramos con reticencia la montaña de billetes y de monedas que se había acumulado durante el juego. Lo único que nos importaba, más que la guerra, el hambre o la muerte, era la victoria.

      De repente, los vasos estallaron sobre la mesa y el as de picas se clavó en un árbol. Algo avanzaba hacia nosotros rompiendo la bruma. De su silueta se desprendían negros jirones que, como hoces, segaban a diestro y siniestro todo lo que se hallaban en su camino. Paralizados, intentamos adivinar qué demonios era aquello que, llegado a nuestra altura, con cuatro gestos afilados nos rebanó las cabezas.

      A tientas, subimos a nuestros caballos y escuchamos una condena.

      Y aquí andamos, aburridos, de acá para allá hasta el fin del mundo,  anunciando el Apocalipsis.








LOS CUATRO JINETES, por Mª Pilar Álvarez Novalvos 
Licencia Creative Commons

17 jun. 2012

LLUVIA

Publicado en la Revista El Humo (México)
(febrero, 2013)



       Llueve. Las gotas recorren el callejón como lanzas y se vuelven torrente, olas sin espuma y sin vaivén. Desde la oscuridad, una farola rota vigila los pasos de los que llegan huyendo de la luz. No hay más testigos que la piedra y el viento, que aúlla sin cesar. El agua lame los peldaños y murmura palabras como gritos débiles de mujer.

       A contraluz, dos siluetas son engullidas por aquel pozo. La de menor estatura llora confusa porque aquella tarde parecía como todas. La sombra más alta no habla, la empuja hasta el fondo y la sujeta contra el poste. Ella pregunta por qué me has traído hasta aquí, teníamos que ir directamente a casa... De un tirón, el gigante le arranca la mochila y arroja el paraguas a aquel mar que no refleja. Qué vas a hacer..., dice al sentir que una mano le levanta la falda mientras la otra se desabrocha el cinturón. Déjame y te prometo que no diré nada..., intenta de nuevo. Pero una lengua le oprime los labios, y dos manos amasan sus pechos. Golpea y golpea contra el muro de carne. Unos pantalones se desploman y ella reprime un grito cuando algo caliente la rasga... Se olvida de dónde está. De quién es. De quién es él. 

         Ha dejado de llover. La noche es más oscura.

     Recoge el paraguas, la mochila, el dolor y deja allí su memoria, bajo la farola rota. Y se prohibe para siempre recordar que antes de que se marchara preguntó a aquella sombra y cuando llegue a casa qué voy a decirle a mamá. 





A aquellas mujeres 
que necesitan agua de lluvia sobre su dolor
y palabras 
para liberarse de él. 

Licencia Creative Commons

16 jun. 2012

ASHES AND SNOW. Gregory Colbert y colaboradores.


SIN PALABRAS...

Al hacer clic sobre "EXPERIENCIA" 
dejo que mi intuición me guíe 
en un viaje inenarrable
 que siempre es distinto...







LA BELLEZA Y LA SENSIBILIDAD EN ESTE SITIO 
SON UNA CARICIA QUE ALCANZA 
LAS PROFUNDIDADES DEL ESPÍRITU...


14 jun. 2012

EL SEÑOR ANDRÉS

Publicado en la Revista de Literatura y Cultura Aztlanense "LA PALABRA", nº 3 (Arizona, 2014)
(Traduction en FRANÇAIS sur MONSIEUR ANDRÉ)



          El señor Andrés está sentado en su sofá frente al televisor. De sus orificios nasales salen dos tubos que reptan por toda la casa hasta una máquina ruidosa que duerme con él en su habitación.
       Está vestido con un chándal que odia y unas zapatillas de cinco euros. Hace una semana que se ve los calzoncillos y los calcetines del mismo color pero él no se acuerda de si no tiene otros. Son las ocho de la mañana. Con sus gruesos dedos abre y cierra unos botes y coloca en fila una serie de comprimidos.
       Ve salir a su nuera del dormitorio, en pijama, con el cabello revuelto, y la ve desaparecer en el pasillo. Espera unos buenos días pero no escucha nada. Se rasca una oreja y la encuentra excesivamente grande. Le parece recordar que un día su nuera lo cogió por los hombros para ayudarle a subir las escaleras; le habían llevado al banco. Y ella le habló con dulzura en esa misma oreja. Desde ese día no ha vuelto a escuchar su voz.
       Una tras otra, comienza a tomar las pastillas. Tiene hambre, pero la última vez que intentó levantarse se cayó y después recuerda a un enfermero muy amable que le explicaba por qué aquella no era su cama. Fugaz, la silueta desaparece y se oye un portazo. De repente siente pánico. Tiene que decirles que no quiere quedarse solo, que le busquen a alguien para cuando ellos no estén, ¿o ya se lo ha dicho? Escucha la sangre como un martillo en el cráneo y, poco a poco, se da cuenta de que delante hay un programa de deportes. Se le cierran los ojos. El ruido de la cisterna lo despierta. Huele a café. Su hijo pasa por delante, le da los buenos días y desconecta de la pared la toma del teléfono. Cuando va a salir de la habitación, le pregunta si puede traerle un tazón de leche con trozos de pan. Le dice que se ha dormido y que va a llegar tarde. El señor Andrés roe el trozo de angustia que se le ha formado en la garganta y se lo traga.
      Oye cerrarse la puerta de la calle. Y el silencio se come el sonido de la televisión. Alarga el brazo para coger la agenda y marcar el número de su hija. No escucha ninguna señal. Marca de nuevo. No hay tono. Se tira al suelo y se arrastra a cuatro patas hasta la puerta de entrada. Intenta abrir, pero en la parte de arriba ve un cerrojo que no conoce. Está demasiado alto. Grita y en lugar de su voz oye un ladrido. Se revuelve para ponerse en pie, un rabo aparece entre sus piernas y golpea la puerta de la calle con sus pezuñas.






EL SEÑOR ANDRÉS, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
Licencia Creative Commons

12 jun. 2012

LA ANTICIPACIÓN O PROLEPSIS

         

      Anticipación o prolepsis: del lat.  anticipatĭo, -ōnis y del gr. πρόληψις.  El autor imagina una posible objeción a sus argumentos y la rebate antes de que el lector pueda hacérsela.



                      Ej. "Dirás que muchas barcas
                            con el favor en popa
                            saliendo desdichadas
                            volvieron venturosas.
                            No mires los ejemplos
                            de las que van y tornan,
                            que a muchas ha perdido
                            la dicha de las otras."
                                              Lope de Vega
  





Ej. "No quiero que interpretéis malamente ahora esta
       palabra (...)"

                                                              Azorín

D. QUIJOTE EN CASA DEL CABALLERO DEL VERDE GABÁN.
ENSAYO de AZORÍN.



Ej. "Tampoco vendrán en mi defensa testigos que se puedan comprar con el dinero, el favor o la autoridad (...)"






LA ANTICIPACIÓN O PROLEPSIS, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
Licencia Creative Commons

7 jun. 2012

LAS BUENAS INTENCIONES



        Absorto, el padre Zacarías no advierte que la joven se retira. Camina desnuda de espaldas a la puerta cubriéndose con las manos; no levanta los ojos húmedos, porque los impuros no pueden mirarle de frente. En el aire se mezcla un olor primitivo, animal, con el del habano que acaba de encender.

      El alzacuellos reposa sobre un pedazo de madera que sirve como mesa. Allí mismo espera la sotana bien doblada. Sobre la tarde se cierne una calima irrespirable, pero él se deleita con el sabor del tabaco. Aspira hondo, muy hondo, para llevar el humo adonde él quiere y crea con los labios decenas de volutas que se rompen contra el techo de la choza. Sonríe y se admira del poder infinito de Dios, que incluso puede hacer que un hecho tan trivial y solitario le produzca más placer que el que acaba de gozar hace un momento.

     Un ruido amenaza su intimidad en medio del silencio. Afina el oído: escucha la jungla, sus propios latidos retumbando en las sienes, pero está desnudo y decide no salir; en la selva hay sonidos por todas partes.

        Cabalga en sus pensamientos y da gracias por el regalo divino de poder estar allí para cumplir con su labor pastoral. Satisfecho, observa su figura; repasa sus formas de varón y se ofrece una larga caricia. En aquel espacio angosto el sudor se condensa y el placer absorbe la incertidumbre.

     Sin embargo algo insiste en romper su paz. Su mano se paraliza ruborizada. Todos sus sentidos se afilan detectando algún peligro sin nombre. Se incorpora. Vuelve a escuchar, pero la tarde no le responde. Se levanta y da unos pasos vacilantes. No sabe si salir y se inclina sobre la ventana abierta. Entonces su cabeza rodando por el suelo escupe el magnífico puro de los momentos de gloria.






LAS BUENAS INTENCIONES, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
Licencia Creative Commons

3 jun. 2012

TRAS LA FERIA DEL LIBRO 2012



... A LOS QUE ESTUVISTEIS ACOMPAÑÁNDOME,

... A LA QUE, SIN CONOCERME DE NADA, FUE A BUSCARME A MI LLEGADA EN TAXI PARA CONDUCIRME EN LA SILLA DE RUEDAS HASTA LA CASETA 72
(Y QUE NO CEJÓ HASTA ENCONTRAR UNA RAMPA PARA MINUSVÁLIDOS EN TODO EL PASEO DE COCHES),

... A LAS QUE NO SE PIERDEN NI UNA, POR SU FIDELIDAD,

... A LOS QUE HICIERON UN HUECO MUY DIFÍCIL PARA PODER IR,

... A LA ALUMNA QUE VINO PARA REGALARME UN LIBRO,

... A LOS QUE VENÍAN DESDE MUY LEJOS (AUNQUE A ELLOS LES PARECÍA CERCA),

... A LA QUE LLEGÓ CORRIENDO, DESPUÉS DE UN EXAMEN, CUANDO TODO ESTABA CERRADO Y ME ENCONTRÓ,

... A LA QUE LLEGÓ CUANDO TODO ESTABA CERRADO Y NO ME ENCONTRÓ,

... A QUIENES ME CONDUJERON POR DONDE NECESITABA Y A QUIENES ESTABAN DISPUESTOS A AYUDARME EN CUALQUIER MOMENTO Y SITUACIÓN,

... A LAS QUE SE TURNABAN PARA SUJETAR MI SOMBRILLA JAPONESA, MIENTRAS FIRMABA A LOS REZAGADOS, Y ME TRATARON COMO A LA REINA DE SABA,

... A QUIEN LOGRÓ DESATAR EL NUDO QUE SE HIZO ENTRE LOS RADIOS DE LA SILLA Y LAS CORREAS DE MI MOCHILA, BAJO UN SOL DE JUSTICIA Y UNA SOLEDAD DE DESIERTO,

... AL FOTÓGRAFO QUE TOMÓ PRIMEROS PLANOS DE MI PLUMA,

... A LOS QUE NO FUERON PORQUE NO SABÍAN MIS HORARIOS,

... A LOS QUE QUISIERON IR PERO AL FINAL NO PUDIERON,



Alberto Marcos, Martín Beilín, Cecilia Guiter y yo.


Mi pluma


Cecilia Guiter y yo.





....  A TODOS Y A TODAS

MILLONES DE GRACIAS


POR HABERME REGALADO UN DÍA TAN INOLVIDABLE
*=)



Quizás también le interese:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...