30 may. 2012

EL ÚLTIMO DESEO



A mi amiga Maya Casserini,
que eligió la eutanasia.


  “Esta pluma no deja claros los trazos. Podría pedir un cuchillo para afilarla pero nunca me lo darían”. Oigo los pasos del vigilante que van y vienen creando huecos en el silencio. En pocos minutos subiré unas escaleras y en cada peldaño presentiré el vacío. Al final de ellas desapareceré. Me apresuro y escarbo con las uñas en las piedras que rechazan, con su dureza húmeda, mi paso por aquí.
Van a venir a buscarme y no he escrito nada. Miro hacia las estrellas. No puedo verlas, pero sé que están ahí. Ellas me inspiran estas palabras, las últimas: “Quiero poder darme cuenta del momento exacto en el que pasaré al otro lado. Quiero darme cuenta de ese nuevo lugar donde viviré en esta hélice infinita”.  
La puerta se abre con un sonido ominoso. Me levanto y el papel cae de mi mano como si el otoño hubiera entrado hasta aquí. El vigilante me invita a seguirle. En algún lugar estrangulo un vómito. Arriba me esperan. Tengo frío. Levanto la vista y apoyo el primer paso en unas escaleras que sueño sin fin...

Acabo de llegar a esta celda; unos peldaños sin memoria me han conducido hasta aquí. Entre sus muros de piedra hace un frío que se instala en los huesos y ya no los abandona. Está tan oscuro que no acierto a ver mis propias manos. Toco mis uñas gastadas en las paredes. Al otro lado de la puerta oigo la voz del vigilante que pregunta si quiero formular mi último deseo. No sé qué responder. Un haz de luz mortecina rebota en una baldosa e ilumina un papel. Lo tengo entre las manos. Su escritura es apresurada y de repente se detiene, como si algo le hubiera impedido seguir. Leo: “Esta pluma no deja claros los trazos. Podría pedir un cuchillo para afilarla, pero nunca me lo darían…” 








EL ÚLTIMO DESEO, por Mª Pilar Álvarez Novalvos 
Licencia Creative Commons

28 may. 2012

EL ZEUGMA



       Zeugma: del lat. zeugma, y este del gr. ζεῦγμα, yugo, lazo. Figura retórica que afecta a la construcción de la oración o de la frase, de modo que cuando una palabra que solo se ha expresado una vez en la oración se refiere también a otros miembros de ella, aunque se haya omitido, debe sobrentenderse en los demás. 

Ej.: "Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, (era) seco de carnes, (era) enjuto de rostro, (era) gran madrugador y (era) amigo de la caza."

                                                   Miguel de Cervantes




TIPOS DE ZEUGMA

1. Zeugma simple: la forma sobreentendida es idéntica a la original.


 Ej.: "La vi marchar, pero no (la vi) volver."




2. Zeugma complejo: consiste en introducir, al final de una serie de elementos con la misma función sintáctica, un elemento nuevo con una función gramatical distinta, que sorprende por la ruptura que supone con respecto a los términos anteriores.


   Ej.: "...un aire fragoroso que te envuelva y te acaricie y
           doce pisos."




3. Hipozeugma: en este caso, el término está expreso y se halla en el último enunciado.

                        Ej.: "Un topo, un murciélago,
      tal era ciego como ceguera."




4. Mesozeugma: como en el caso anterior, el término está expreso, pero en un enunciado intermedio.

                Ej.: "La rotación del fruto, la alegría 
                       del pájaro fomentas
                       y el bienestar y la salud de paso."



5. Prozeugma o Protozeugma: en este último caso, el término vuelve a estar expreso, pero se halla en el primer enunciado.


                 Ej.: "Meditaba pinos en los barcos,
                         ataúdes, guerras, marcos,
                         mesas, corazones de navaja,
                         en invierno como hoguera."





EL ZEUGMA, por Mª Pilar Álvarez Novalvos 
Licencia Creative Commons


25 may. 2012

MONSIEUR ANDRÉ

(Traducción al ESPAÑOL en EL SEÑOR ANDRÉS)



      Monsieur André est assis dans son fauteuil en face de la télévision. De ses narines sortent deux tuyaux qui rampent tout au long de la maison jusqu'à une machine bruyante qui dort avec lui dans sa chambre.
     Il est habillé avec un survêtement qu'il hait et des chaussons de cinq euros. Il y a une semaine qu'il se voit avec le caleçon et les  chaussettes de la même couleur mais il ne se souvient pas s'il n'en a pas d'autres. Il est huit heures du matin. Avec ses gros doigts, il ouvre et ferme des pots et il place en file une série de comprimés.
    Il regarde sa belle-fille sortir de sa chambre, en pijama, les cheveux embrouillés, et il la voit disparaître dans le couloir. Il attend un bonjour mais il n'écoute rien. Il se gratte une oreille et il la retrouve excessivement grande. Il croit se rappeler un jour où sa belle-fille l'avait pris par les épaules pour l'aider à monter les escaliers; on l'avait amené à la banque. Et elle lui avait parlé doucement à cette même oreille. Depuis ce jour là il n'a plus réécouté sa voix.
     Un après l'autre, il commence à prendre les comprimés. Il a faim, mais la dernière fois qu'il avait essayé de se lever il est tombé et ensuite il se souvient d'un infirmier très aimable qui lui expliquait pourquoi ce lit là n'était pas le sien. Fugace, la silhouette disparaît et on écoute un claquement de porte. Soudain, il panique. Il doit leur dire qu'il ne veut pas rester seul et qu'ils cherchent quelqu'un pour s'occuper de lui pendant le temps qu'ils ne soient pas là, ou... il le leur a déjà dit? Il écoute le sang comme un marteau dans le crâne et, petit à petit, il se rend compte que, en face de lui, il y a une émission sportive. Il a les yeux qui se ferment. Le bruit de la chasse d'eau le réveille. Ça sent le café. Son fils passe devant lui, lui dit bonjour et il débranche du mur la prise téléphonique. Lorsque celui-ci va sortir de la salle de séjour, il lui demande s'il pourrait lui apporter un bol de lait avec des morceaux de pain. Son fils lui répond qu'il s'est endormi et qu'il va arriver en retard. Monsieur André ronge le morceau d'angoisse qui s'est formé dans sa gorge et il l'avale.
     Il écoute la porte d'entrée qui se ferme. Et le silence mange le bruit de la télévision. Il allonge le bras pour prendre l'agenda et taper le numéro de sa fille. Il n'écoute aucune tonalité. Il retape encore. Toujours pas de tonalité. Il se jette par terre et il se traîne à quatre pattes jusqu'à la porte d'entrée. Il essaie d'ouvrir, mais en haut de la porte il regarde une serrure qu'il ne connaît pas. C'est trop haut. Il cri et, à la place de sa voix, il écoute un aboiement. Il se remue afin de se mettre debout, une queue apparaît entre ses jambes et il frappe la porte d'entrée avec les sabots.





MONSIEUR ANDRÉ, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
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19 may. 2012

LA ALUSIÓN



      Alusión: del lat. allusĭo, -ōnis, retozo, juego. Es un tipo de perífrasis que se refiere a alguien o a algo conocido sin nombrarlo.

                 Ej.: "(...)
                         A aquel sólo me encomiendo,
                     Aquel sólo invoco yo
                     de verdad,
                     que, en este mundo viviendo,
                     el mundo no conoció
                     su deidad."

                                           Jorge Manrique

RETRATO DE JORGE MANRIQUE




    Ej.: "Tendrá Israel al fin su Macabeo,
             tendrán los Holofernes su Judit,
             siempre a cada cerdo le llega su San Martín."


JUDIT Y HOLOFERNES. CARAVAGGIO


Efecto: en el fragmento de la copla IV de Manrique, este se está refiriendo a su padre, el maestre don Rodrigo. En el segundo texto, por medio de dos ejemplos que ilustran la alusión final, se llega a la idea que interesa resaltar, la de que a cada cual le llega la hora de la compensación por los sus actos cometidos.



LA ALUSIÓN, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
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17 may. 2012

POEMA IX

De El paladar perdidoMadrid, Ed. Antígona, 2012


Enséñame a 
desdibujar
pasillos
porque todo
se va borrando.
Y se diluye por tanto
tu voz
y tu figura.
Adiéstrame,
ceguera...
Porque pronto
ya estoy palpando.
Soledad de memoria,
su cuchillo es colmillo.
Afilada longitud
del incierto acertijo.
Inquietante y parco,
anudado al gatillo.
Aférrame, oscuridad
porque tú 
ya me estás besando,
de tinieblas 
es tu lengua.
Y la mía, 
de espanto.








POEMA IX, por Mª Piedad García-Murga
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14 may. 2012

EL VOLCÁN




      Las ruedas fueron deteniendo su giro a lo largo de la pista. Al fondo, esperaba la escasa docena de invitados con sus coches de lujo. Hasta allí descendían los truenos incandescentes del volcán que desde hacía dos noches padecía insomnio; hecho que, por encontrarse tan lejos de esta escena y a espaldas de los invitados, parecía no tener importancia. Al abrirse la portezuela, todos regalaron aplausos, hurras y bienvenidas, aunque ninguno de ellos pertenecía a la familia de la novia.

      De la avioneta salió el novio y se adelantó un paso para coger de la mano a la joven, que ignoró el gesto y se levantó el vestido para no tropezar. Algunos apreciaron el disgusto en el rostro del hombre y fueron testigos de su insistencia en sujetarla por la cintura con brazo firme. Ella liberó la otra mano lanzando el ramo hacia dos muchachas que había en tierra y que, desprevenidas, observaron cómo aterrizaba sobre la pista y se deshacía en hojas y flores polvorientas.

     Durante unos instantes, la levita color arena y el vestido recto de encaje ondearon encima del ala caliente. En un intento por recuperar el entusiasmo, le retiró el velo para besarla y pidió una foto. El tul intentó huir pero se lo impidió una diadema de diminutas rosas blancas.

     Subieron a un Rolls-Royce y horas más tarde, tras cena, halagos, auspicios y regalos, se encontraron por fin solos en el dormitorio de su nueva mansión. Nueve metros de puertas de cristal térmico protegían el interior del infierno nocturno. Ni siquiera hacía falta preocuparse de los mosquitos porque a esa temperatura debían estar muertos.  

       El corcho de una botella saltó al vacío llenando sus copas de ruido y de espuma. Hicieron sonar el cristal y bebieron sin decirse palabra. Él se fijó en las gotas que habían quedado en los labios de ella y aproximando los suyos preguntó:

         - ¿Te adaptarás a vivir aquí?
        - No lo sé-, y se levantó antes de que la boca de él tocara la suya.
     - Es cierto que este clima no es el de Ucrania, pero he preparado todo lo que necesitas para vivir feliz-, la miraba alejarse lentamente.
       - Todo aquí es inmenso, iyubov. Mi habitación tenía tres metros cuadrados y daba a un patio interior-, levantó la copa y observó las burbujas ascender hasta morir en la superficie.
      - Aquí tienes más de mil hectáreas..., el jardín, la laguna, las caballerizas, los bosques, las plantaciones y...
     - Cuando este horrible clima sudamericano se enfríe- le interrumpió-, saldré a conocerlo todo.
       - Por supuesto...-, se acercó hasta ella, que se había apoyado en los cristales, y la atrajo hacia sí.
     - ¿De qué son las plantaciones, iyubov? Han pasado cinco meses y todavía no me has hablado de los negocios que te llevaron al este de Europa...

       La miró con lascivia y al ir a quitarle la copa de las manos, ella la retuvo con fuerza y líquido y cristal fueron a estrellarse contra la alfombra de seda. Con una rapidez dolorosa, él desapareció en el baño y volvió con una toalla.

      - No ha sido mi intención-dijo más ajena que contrariada.
     - Tienes que tener cuidado-su tono se volvió lacerante-.  Cariño, hay pocas cosas que no soporte y una de ellas es la torpeza. Vas a tener que poner mucha atención. Cada cosa que ves es extremadamente valiosa. No sé si me entiendes.

           Aquellas palabras ensombrecieron su ánimo:

         - Claro.

        Abrió la puerta del jardín pero el viento que traía los roncos gritos del volcán le incendió el rostro y cerró de inmediato.

          - Ven aquí-, ordenó deshaciéndose de la toalla empapada.

         No se movió. Se quedó mirando el agua quieta y negra de una laguna que, de repente, se dio cuenta de que le pertenecía.

         - He dicho que vengas-, repitió más suave, desde el borde de la cama, como si con ese tono pudiera sobornar la hermosura.

         A miles de kilómetros de su país, y a pesar de que nadie la esperase al otro lado del océano, su deseo de vivir con un hombre veintitrés años mayor que ella cuyo cuerpo la repugnaba, a veces, le traía remordimientos.  

         - Dame un poco de tiempo para adaptarme, ¿quieres?
       - ¿A este lugar?-, se acercó a ella y la abrazó por la espalda. La fue empujando con delicadeza hasta echarla sobre la cama.

           De todos modos, pensó ella al buscar el interruptor de la luz cuando sintió encima el peso de su marido, tampoco él sabía con quién acababa de casarse.

       Bajo las sábanas, en la oscuridad completa, el magma se hacía cenizas.





VOLCÁN ARENAL. COSTA RICA




EL VOLCÁN, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
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11 may. 2012

LA DERIVACIÓN



    Derivación: del lat. derivatĭo, -ōnis. Figura que consiste en emplear en el mismo período dos o más términos con un mismo radical.


                   Ej.: "Embajador del Rey soy,
                          de él os traigo una embajada."

                                           Tirso de Molina

TIRSO DE MOLINA


        Ej.: "Traigo una rosa en sangre entre las manos     
             ensangrentadas. Porque es que no hay más
               que sangre, 
               y una horrorosa sed
               dando gritos en medio de la sangre."

                                                    Blas de Otero



                    Ej.: "(...)
                           y con pobre mesa y casa,
                           en el campo deleitoso
                           con sólo Dios se compasa,
                           y a solas su vida pasa,
                           ni envidiado ni envidioso."

                                       Fray Luis de León



             Ej.: "Temprano levantó la muerte el vuelo
                    temprano madrugó la madrugada,
                    temprano estás rodando por el suelo."

                                               Miguel Hernández



Efecto: producir intensificación semántica.


LA DERIVACIÓN, por Mª Pilar Álvarez Novalvos 
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7 may. 2012

ALORS... CELA C'ÉTAIT L'AMOUR

(Traducción al ESPAÑOL en ASÍ QUE... ESTO ERA EL AMOR)



      Elle regardait ses genoux, à peine couverts par une jupe qui cachait le slip du maillot de bain. Ils étaient noueux et pâles. À ses pieds, elle voyait l'herbe haute et ivre en train de balancer ses tiges et, plus loin, entre les deux rotules, elle admirait les bateaux qui lorsqu'ils promenaient l'horizon dégageaient un sillage de fumée et de sirènes.

     Là haut, dans le phare, la terre calcaire tourbillonnait autour de la tour et depuis la mer ressemblait à un fantôme colérique. Certains disaient que ce diable blanc de forme changeante était le coupable de la disparition des corps que quelque pêcheur nocturne apportait le matin dans ses filets.

     Il ouvrit la petite glacière où il avait gardé les fruits qu'elle aimait, un morceau de fromage comté perlé et quelques noix. L'estomac de sa femme admettait déjà très peu de choses, mais puisque parfois les maladies ne prennent pas de convenances, elle était capable de digérer certains caprices. Pourtant, et par désespoir de son mari, ça faisait plus d'un mois qu'elle n'avait même pas faim.

      Il sortit un couteau pour couper une tranche de pastèque. Un courant frais enveloppa le parfum doucereux et après le boucler, il le jeta à la falaise. Il l'avait coupé grosse exprès et il l'avait mise devant elle, qui se croisait le gilet sur la poitrine avant de se redresser. Avec effort elle s'appuya sur un coude qui se cloua dans la terre et, soudain, plusieurs pois rouges heurtèrent une manche. "Merci, mon amour", dit-elle. Et elle porta l'eau de sucre à la bouche. Elle mâcha à peine, charmée par le va-et-vient des tiges.

      Sur leurs têtes crièrent deux mouettes et lui, il protégea les fruits avec ses mains. Les oiseaux replièrent leurs ailes et se posèrent dans un nid suspendu dans les rochers. Une vague de vent leva les pareos des deux adolescentes qui riaient et se poussaient, et blanchit leurs jambes bronzées; de loin, leurs parents les réprimandaient pour s'être approchées trop du bord.

    Il lui coupa un tout petit morceau de fromage car il savait qu'elle adorait ressentir entre les dents le craquement du sel fruité. Mais lorsqu'il le lui offrait, elle le rejeta avec un geste de ses yeux proéminents, comme si la journée au cap Blanc Nez était en train de lui user les os. Il s'inclina pour lui caresser les cheveux que ce soir là émettaient des étincelles bleuâtres. L'épouse ferma les yeux et joignit les lèvres...

       "Je ne vais pas revenir en arrière", lui murmura l'homme. Et il l'embrassa.

      Heureuse, elle regarda le soleil en face. Il semblait descendre sur l'Angleterre. Elle avait toujours aimé cet angle de terre parce que depuis là-haut, depuis ce blanc nez elle pouvait sentir n'importe quel continent, inspirer la vie entière.

     "Aide-moi à me lever", demanda-t-elle à son mari.
     "Es-tu sûre?",  dit-il avec tendresse.

      Elle ne répondit pas.

      Il l'a mise debout. Elle lui prit la main et serra sa femme avec soin afin de ne pas la rompre. Un tourbillon blanc les cacha de la vue des promeneurs. Après, ils réécoutèrent le cris des mouettes. Mais maintenant elles volaient très très haut et, encore la main dans la main, ils aperçurent le va-et-vient des vagues baignant leurs os cassés entre les pierres. 

      


VUE DEPUIS LE CAP BLANC NEZ -NORD DE LA FRANCE-





    ALORS... CELA C'ÉTAIT L'AMOUR, par Mª Pilar Álvarez Novalvos
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