03/06/2012

TRAS LA FERIA DEL LIBRO 2012



... A LOS QUE ESTUVISTEIS ACOMPAÑÁNDOME,

... A LA QUE, SIN CONOCERME DE NADA, FUE A BUSCARME A MI LLEGADA EN TAXI PARA CONDUCIRME EN LA SILLA DE RUEDAS HASTA LA CASETA 72
(Y QUE NO CEJÓ HASTA ENCONTRAR UNA RAMPA PARA MINUSVÁLIDOS EN TODO EL PASEO DE COCHES),

... A LAS QUE NO SE PIERDEN NI UNA, POR SU FIDELIDAD,

... A LOS QUE HICIERON UN HUECO MUY DIFÍCIL PARA PODER IR,

... A LA ALUMNA QUE VINO PARA REGALARME UN LIBRO,

... A LOS QUE VENÍAN DESDE MUY LEJOS (AUNQUE A ELLOS LES PARECÍA CERCA),

... A LA QUE LLEGÓ CORRIENDO, DESPUÉS DE UN EXAMEN, CUANDO TODO ESTABA CERRADO Y ME ENCONTRÓ,

... A LA QUE LLEGÓ CUANDO TODO ESTABA CERRADO Y NO ME ENCONTRÓ,

... A QUIENES ME CONDUJERON POR DONDE NECESITABA Y A QUIENES ESTABAN DISPUESTOS A AYUDARME EN CUALQUIER MOMENTO Y SITUACIÓN,

... A LAS QUE SE TURNABAN PARA SUJETAR MI SOMBRILLA JAPONESA, MIENTRAS FIRMABA A LOS REZAGADOS, Y ME TRATARON COMO A LA REINA DE SABA,

... A QUIEN LOGRÓ DESATAR EL NUDO QUE SE HIZO ENTRE LOS RADIOS DE LA SILLA Y LAS CORREAS DE MI MOCHILA, BAJO UN SOL DE JUSTICIA Y UNA SOLEDAD DE DESIERTO,

... A LOS QUE NO FUERON PORQUE NO SABÍAN MIS HORARIOS,

... A LOS QUE QUISIERON IR PERO AL FINAL NO PUDIERON,



Alberto Marcos, Martín Beilín, Cecilia Guiter y yo.

....  A TODOS Y A TODAS

MILLONES DE GRACIAS


POR HABERME REGALADO UN DÍA TAN INOLVIDABLE
*=)



30/05/2012

EL ÚLTIMO DESEO



A mi amiga Maya Casserini,
que eligió la eutanasia.


  “Esta pluma no deja claros los trazos. Podría pedir un cuchillo para afilarla pero nunca me lo darían”. Oigo los pasos del vigilante que van y vienen creando huecos en el silencio. En pocos minutos subiré unas escaleras y en cada peldaño presentiré el vacío. Al final de ellas desapareceré. Me apresuro y escarbo con las uñas en las piedras que rechazan, con su dureza húmeda, mi paso por aquí.
Van a venir a buscarme y no he escrito nada. Miro hacia las estrellas. No puedo verlas, pero sé que están ahí. Ellas me inspiran estas palabras, las últimas: “Quiero poder darme cuenta del momento exacto en el que pasaré al otro lado. Quiero darme cuenta de ese nuevo lugar donde viviré en esta hélice infinita”.  
La puerta se abre con un sonido ominoso. Me levanto y el papel cae de mi mano como si el otoño hubiera entrado hasta aquí. El vigilante me invita a seguirle. En algún lugar estrangulo un vómito. Arriba me esperan. Tengo frío. Levanto la vista y apoyo el primer paso en unas escaleras que sueño sin fin...

Acabo de llegar a esta celda; unos peldaños sin memoria me han conducido hasta aquí. Entre sus muros de piedra hace un frío que se instala en los huesos y ya no los abandona. Está tan oscuro que no acierto a ver mis propias manos. Toco mis uñas gastadas en las paredes. Al otro lado de la puerta oigo la voz del vigilante que pregunta si quiero formular mi último deseo. No sé qué responder. Un haz de luz mortecina rebota en una baldosa e ilumina un papel. Lo tengo entre las manos. Su escritura es apresurada y de repente se detiene, como si algo le hubiera impedido seguir. Leo: “Esta pluma no deja claros los trazos. Podría pedir un cuchillo para afilarla, pero nunca me lo darían…” 








EL ÚLTIMO DESEO, por Mª Pilar Álvarez Novalvos 
Licencia Creative Commons

28/05/2012

EL ZEUGMA



       Zeugma: del lat. zeugma, y este del gr. ζεῦγμα, yugo, lazo. Figura retórica que afecta a la construcción de la oración o de la frase, de modo que cuando una palabra que solo se ha expresado una vez en la oración se refiere también a otros miembros de ella, aunque se haya omitido, debe sobrentenderse en los demás. 


Ej.: "Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, (era) seco de carnes, (era) enjuto de rostro, (era) gran madrugador y (era) amigo de la caza."

                                                   Miguel de Cervantes





TIPOS DE ZEUGMA


1. Zeugma simple: la forma sobreentendida es idéntica a la original.


 Ej.: "La vi marchar, pero no (la vi) volver."





2. Zeugma complejo: consiste en introducir, al final de una serie de elementos con la misma función sintáctica, un elemento nuevo con una función gramatical distinta, que sorprende por la ruptura que supone con respecto a los términos anteriores.


   Ej.: "...un aire fragoroso que te envuelva y te acaricie y
           doce pisos."






3. Hipozeugma: en este caso, el término está expreso y se halla en el último enunciado.


                        Ej.: "Un topo, un murciélago,
      tal era ciego como ceguera."






4. Mesozeugma: como en el caso anterior, el término está expreso, pero en un enunciado intermedio.


                Ej.: "La rotación del fruto, la alegría 
                       del pájaro fomentas
                       y el bienestar y la salud de paso."





5. Prozeugma o Protozeugma: en este último caso, el término vuelve a estar expreso, pero se halla en el primer enunciado.


                 Ej.: "Meditaba pinos en los barcos,
                         ataúdes, guerras, marcos,
                         mesas, corazones de navaja,
                         en invierno como hoguera."





EL ZEUGMA, por Mª Pilar Álvarez Novalvos 
Licencia Creative Commons


25/05/2012

MONSIEUR ANDRÉ

(Traducción al ESPAÑOL en EL SEÑOR ANDRÉS)



      Monsieur André est assis dans son fauteuil en face de la télévision. De ses narines sortent deux tuyaux qui rampent tout au long de la maison jusqu'à une machine bruyante qui dort avec lui dans sa chambre.
     Il est habillé avec un survêtement qu'il hait et des chaussons de cinq euros. Il y a deux semaines qu'il se voit le caleçon et les chaussettes de la même couleur mais il ne se souvient pas s'il n'a pas d'autres. Il est huit heures du matin. Avec ses gros doigts, il ouvre et ferme des pots et il place en file une série de comprimés.
    Il regarde sa belle-fille sortir de sa chambre, en pijama, les cheveux embrouillés, et il la voit disparaître dans le couloir. Il attend un bonjour mais il n'écoute rien. Il se gratte une oreille et il la retrouve excessivement grande. Il croit se rappeler un jour où sa belle-fille l'avait pris par les épaules pour l'aider à monter les escaliers; on l'avait amené à la banque. Et elle l'avait parlé doucement dans cette même oreille. Depuis ce jour là il n'a plus réécouté sa voix.
     Un après l'autre, il commence à prendre les comprimés. Il a faim, mais la dernière fois qu'il avait essayé de se lever il est tombé et ensuite il se souvient d'un infirmier très aimable qui lui expliquait pourquoi ce lit là n'était pas la sienne. Fugace, la silhouette disparaît et on écoute un claquement de porte. Soudain, il panique. Il doit leur dire qu'il ne veut pas rester seul et qu'ils cherchent quelqu'un pour s'occuper de lui pendant le temps qu'ils ne soient pas là, ou... il les leur a déjà dit? Il écoute le sang à l'intérieur, comme un marteau dans le crâne et, petit à petit, il se rend compte que, en face de lui, il y a une émission sportive. Il a les yeux qui se ferment. Le bruit de la chasse d'eau le réveille. Ça sent le café. Son fils passe devant lui, lui dit bonjour et il débranche du mur la prise téléphonique. Lorsque celui-ci va sortir de la salle de séjour, il lui demande s'il pourrait lui apporter un bol de lait avec des morceaux de pain. Son fils lui répond qu'il s'est endormi et qu'il va arriver en retard. Monsieur André mâche le morceau d'angoisse qui s'est formé dans sa gorge et il l'avale.
     Cela a le goût d'un os.
     Il écoute la porte d'entrée qui se ferme. Et le silence mange le bruit de la télévision. Il allonge le bras pour prendre l'agenda et taper le numéro de sa fille. Il n'écoute aucune tonalité. Il retape encore. Toujours pas de tonalité. Il se jette par terre et il se traîne à quatre pattes jusqu'à la porte d'entrée. Il essaie d'ouvrir, mais en haut de la porte il regarde une serrure qu'il ne connaît pas. C'est trop haut. Il cri et, à la place de sa voix, il écoute un aboiement. Il se remue afin de se mettre debout et une queue se met entre ses jambes.
     Il hurle. Et griffe la porte d'entrée avec ses sabots.





MONSIEUR ANDRÉ, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
Licencia Creative Commons

21/05/2012

EL SEÑOR ANDRÉS

(Traduction en FRANÇAIS sur MONSIEUR ANDRÉ)



   El señor Andrés está sentado en su sofá frente al televisor. De sus orificios nasales salen dos tubos que reptan por toda la casa hasta una máquina ruidosa que duerme con él en su habitación.
Está vestido con un chándal que odia y unas zapatillas de cinco euros. Hace dos semanas que se ve los calzoncillos y los calcetines del mismo color pero él no se acuerda de si no tiene otros. Son las ocho de la mañana. Con sus gruesos dedos, abre y cierra unos botes y coloca en fila una serie de comprimidos.
Ve salir a su nuera del dormitorio, en pijama, con el cabello revuelto, y la ve desaparecer en el pasillo. Espera unos buenos días pero no escucha nada. Se rasca una oreja y la encuentra excesivamente grande. Le parece recordar que un día su nuera lo cogió por los hombros para ayudarle a subir las escaleras; le habían llevado al banco. Y ella le habló con dulzura en esa misma oreja. Desde ese día no ha vuelto a escuchar su voz.
Una tras otra, comienza a tomar las pastillas. Tiene hambre, pero la última vez que intentó levantarse se cayó y después recuerda a un enfermero muy amable que le explicaba por qué aquella no era su cama. Fugaz, la silueta desaparece y se oye un portazo. De repente siente pánico. Tiene que decirles que no quiere quedarse solo, que le busquen a alguien para cuando ellos no estén, ¿o ya se lo ha dicho? Escucha la sangre por dentro, como un martillo en el cráneo y, poco a poco, se da cuenta de que delante hay un programa de deportes. Se le cierran los ojos. El ruido de la cisterna lo despierta. Huele a café. Su hijo pasa por delante, le da los buenos días y desconecta de la pared la toma del teléfono. Cuando va a salir de la habitación, le pregunta si puede traerle un tazón de leche con trozos de pan. Le dice que se ha dormido y que va a llegar tarde. El señor Andrés mastica el trozo de angustia que se le ha formado en la garganta y se lo traga. 
        Le sabe a hueso.
Oye cerrarse la puerta de la calle. Y el silencio se come el sonido de la televisión. Alarga el brazo para coger la agenda y marcar el número de su hija. No escucha ninguna señal. Marca de nuevo. No hay tono. Se tira al suelo y se arrastra a cuatro patas hasta la puerta de entrada. Intenta abrir, pero en la parte de arriba ve un cerrojo que no conoce. Está demasiado alto. Grita y en lugar de su voz oye un ladrido. Se revuelve para ponerse en pie y un rabo se le mete entre las piernas. 
       Aúlla. Y araña la puerta de la calle con sus pezuñas.  









EL SEÑOR ANDRÉS, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
Licencia Creative Commons

19/05/2012

LA ALUSIÓN



      Alusión: del lat. allusĭo, -ōnis, retozo, juego. Es un tipo de perífrasis que se refiere a alguien o a algo conocido sin nombrarlo.


                 Ej.: "(...)
                         A aquel sólo me encomiendo,
                     Aquel sólo invoco yo
                     de verdad,
                     que, en este mundo viviendo,
                     el mundo no conoció
                     su deidad."


                                           Jorge Manrique


RETRATO DE JORGE MANRIQUE




    Ej.: "Tendrá Israel al fin su Macabeo,
             tendrán los Holofernes su Judit,
             siempre a cada cerdo le llega su San Martín."


JUDIT Y HOLOFERNES. CARAVAGGIO



Efecto: en el fragmento de la copla IV de Manrique, este se está refiriendo a su padre, el maestre don Rodrigo. En el segundo texto, por medio de dos ejemplos que ilustran la alusión final, se llega a la idea que interesa resaltar, la de que a cada cual le llega la hora de la compensación por los sus actos cometidos.





LA ALUSIÓN, por Mª Pilar Álvarez Novalvos
Licencia Creative Commons

17/05/2012

POEMA IX

De El paladar perdidoMadrid, Ed. Antígona, 2012


Enséñame a 
desdibujar
pasillos
porque todo
se va borrando.
Y se diluye por tanto
tu voz
y tu figura.
Adiéstrame,
ceguera...
Porque pronto
ya estoy palpando.
Soledad de memoria,
su cuchillo es colmillo.
Afilada longitud
del incierto acertijo.
Inquietante y parco,
anudado al gatillo.
Aférrame, oscuridad
porque tú 
ya me estás besando,
de tinieblas 
es tu lengua.
Y la mía, 
de espanto.








POEMA IX, por Mª Piedad García-Murga
Licencia Creative Commons

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