6 sept. 2012

OLVIDO



       - Ponme otra copa, John- gritó, pasándose la muñeca por los labios para limpiarse una gotas.

       Movió el vaso en círculos, mirando los restos de bourbon. Bajo sus rizos enmarañados color jengibre, entornaba los párpados para concentrarse, quizá, en la búsqueda de algún recuerdo amable. Dirigió sus ojos de coral hacia la barra.

       - No puedo quitarme de la cabeza a aquel maldito hijo de puta, ¿sabes, Johnny? Lo dejas todo y renuncias a lo que eres para caer en las profundidades de un Manhattan lleno de rascacielos que ni siquiera sirven para rascarte la espalda... ¡Ja! Me he vuelto graciosa...-, arrastraba las sílabas y la ironía se dibujaba en su frente.

       - ¿No crees que por hoy ya está bien? En cinco minutos cierro y te llevo a casa-, le propuso el barman.

       - Henry me hizo morder bien el anzuelo ¿eh?-, continuó ella ignorando a su amigo-. Me volvió loca. Y ahora mírame..., ya no queda nada de la reina de los océanos que fui. El muy cerdo me trajo en su barco, fundó la ciudad y me tiró a una alcantarilla. Mírame, Johnny..., ¿ves alguna miserable escama? 

       Se observó las manos rugosas, antes azules y húmedas; luego cogió una servilleta y se limpió la nariz.

       - Olvida ya toda esa mierda y piensa en lo que el público te quiere. Tienes una voz única ¿No te das cuenta de que cada noche esto se pone a rebosar?

       - Ya. Olvidar. A vosotros el dolor os puede durar lo que una vida; pero lo más jodido es que yo sigo siendo inmortal.

       Deslizó su bolso por la barra y, torpemente, sobre unos tacones de aguja salió del bar.





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