5 ago. 2013

UNA BIBLIOTECA DE VERANO. Mary Ann Clark Bremer




CÁCERES, ED. PERIFÉRICA, 2012
ISBN: 978-84-92865-59-8


       Una biblioteca de verano, de la norteamericana Mary Ann Clark Bremer, es una novelita que he comprado en la Feria del Libro de Madrid este año, en la librería Mujeres & Compañía, aconsejada por una amiga cuyo criterio sigo a ojos cerrados. Y me he encontrado con una delicatessen literaria: una deliciosa novelita autobiográfica, un retrato humano e intelectual de una mujer peculiar en su época narrado en primera persona con una exquisita sensibilidad, un profundo lirismo y un estilo lleno de referencias literarias. 
        La autora viaja a D., un pueblecito del sur de Francia  donde pasó su feliz infancia, para hacerse cargo de la herencia de su tío Marcel, amable personaje que le indujo su amor por los libros. Llega allí tras la Segunda Gran Guerra, en la que ha perdido a sus padres a causa de un torpedo alemán (ella también recibió heridas en los ojos y tuvo que ser hospitalizada) y a su tío Marcel de muerte natural. Así pues, una Mary Ann Clark huérfana y sufriente se instalará en La Bienheureuse, propiedad heredada de su tío y allí se aferrará a un paisaje (el de la colina de D.), al jardín de la casa y a la literatura como tablas de salvación, y en ellos encontrará la puerta de reconexión con la vida.
Mary Ann Clark Bremer
Nueva York (1928) - Ginebra (1996)
     Después de ordenar y catalogar los más de setecientos ejemplares con los que cuenta la biblioteca de su tío, pondrá en marcha una biblioteca pública y, bajo este pretexto, tanto ella como los personajes que pasarán por este oasis, nos irán ofreciendo reflexiones y vivencias entre las que recuerdo especialmente la relatividad del odio al enemigo (una clienta de la biblioteca, la sensata viuda Barbès, casada con un “medio alemán” acoge, cura y oculta a un joven partisano al que trata como hijo y a quien nombra heredero de su hacienda), la dedicada al límite entre el egoísmo y el amor filial (el marido de la autora obedecerá a la llamada de su madre para defender los intereses del Estado de Israel); y como columna vertebral de la novela: la inteligencia femenina al servicio de la comunidad. 
       Llama la atención en esta novela breve la relación intensa que se establece entre Clark Bremer y los libros. Me extiendo sobre tres peculiaridades que me han llamado poderosamente la atención. La primera, el hecho de que la autora se impregne del texto que cita y haga suya la experiencia de la que se habla en él, tal y como aprendió de su tío Marcel (por ejemplo, en el capítulo que comienza con los versos de Baudelaire “Ven, bello gato, a mi amoroso pecho”, la escritora entra en comunión con lo vivido por el yo poético y transforma el final del poema). La segunda, los paralelismos que se van estableciendo entre las lecturas y citas que realiza y su propia vida. Así, por ejemplo, la vemos como a un Robinson Crusoe, (el de Daniel Defoe o el de Paul Valéry), en la asimilación de la soledad como algo cada vez menos dañino y doloroso, y en la recuperación de la ociosidad desde la que sentir la realización personal; la vemos en busca de la felicidad a través del relato La dicha de Katherine Mansfield (y también de las frecuentes visitas a la colina de D., de donde confiesa guardar un recuerdo infantil de plenitud), la vemos enamorarse del escritor decimonónico William Hazlitt... En tercer y último lugar, me fascina cómo Clark Bremer transmite la belleza y peculiaridad de los universos que contienen los libros y el hecho de que no se detenga solo en su interior sino que realice una alabanza de su exterior; en este sentido, merece especial mención el capítulo dedicado exclusivamente a las cubiertas de los libros, por estar dotado de una maravillosa sensualidad en la descripción de sus variados colores y texturas, evocadores incluso de perfumes (en la fotografía, la página 32, donde se halla el capítulo mencionado).

        En otro orden de cosas, el hecho de que la naturaleza esté tratada en esta novelita como un elemento catártico me recuerda al "buen salvaje" de Rousseau: en contacto con la naturaleza el hombre es capaz de recuperar su estado virginal, libre de odio o de tristeza, y a Mary Ann Clark el contacto con ella le permitirá redimirse de su estado de orfandad y realizar el duelo por la pérdida de sus seres más queridos. Además de la naturaleza en esta obra también son catárticas las buenas y escogidas lecturas, que ayudan siempre a conectarse con lo más auténtico y profundo de nosotros mismos. Es decir, que estamos ante una novela catalizadora del deseo profundo de vivir. En este caso, el encuentro del amor y el paso consciente a la edad adulta, una vez realizado el duelo, servirán a Mary Ann para perder su sentimiento de orfandad.
    No quisiera terminar esta reseña sin mencionar que los personajes que pueblan la obra y sus conversaciones con la protagonista van dando forma al hilo narrativo del libro; en especial, quisiera señalar uno que aporta una delicada dosis de misterio al conjunto: "La Innombrable", de quien conoceremos más según avancemos en la lectura y cuya relación con la protagonisa no dejará de sorprendernos; sin duda, un personaje cautivador. En este apartado, añadir inevitablemente el retrato impresionista que pincelada a pincelada nos va ofreciendo de su tío y que nos mueve al respeto y a la empatía. Y cómo los libros, su contenido, sus autores, nos van sirviendo para conocer la sociedad de ese soleado y pacífico pueblecito galo.
       En definitiva, Una biblioteca de verano nos ofrece un encuentro de la autora consigo misma y con los demás, y nos habla del poder balsámico y revivificador de la literatura en un delicioso marco natural, una suerte de locus amoenus donde es difícil no alcanzar la felicidad. Y además, nos recuerda que cada libro es un espejo de nosotros mismos, una fuente de conocimiento sobre quiénes somos. 
      Con esta novela, Mary Ann Clark Bremer nos regala un zafiro lleno de destellos, un breve, dulce y consciente canto a la recuperación de la joie de vivre.




UNA BIBLIOTECA DE VERANO. Mary Ann Clark Bremer,
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